En su Historia natural, Plinio aseguraba que al rey Juba le fueron entregados en Gran Canaria dos perros enormes.
Afirmaba que en esta isla existían, además abundantes construcciones y palmeras datileras.

«[Las islas] gozan de lluvias moderadas, y, con unos vientos suaves y llenos de rocío, ofrecen una tierra apta no solo para ser arada y sembrada, sino que produce frutos que por su abundancia y sabor alimentan a un pueblo descansado. La igualdad de las estaciones y la suavidad de los cambios hacen reinar en ellas un aire sano, porque los vientos que soplan procedentes del interior de las tierras van perdiendo fuerza, por la distancia que recorren mientras que los del mar, con sus lluvias suaves y moderadas, nutren las plantas».