En su Historia natural, Plinio aseguraba que al rey Juba le fueron entregados en Gran Canaria dos perros enormes.
Afirmaba que en esta isla existían, además abundantes construcciones y palmeras datileras.

«[Las islas] gozan de lluvias moderadas, y, con unos vientos suaves y llenos de rocío, ofrecen una tierra apta no solo para ser arada y sembrada, sino que produce frutos que por su abundancia y sabor alimentan a un pueblo descansado. La igualdad de las estaciones y la suavidad de los cambios hacen reinar en ellas un aire sano, porque los vientos que soplan procedentes del interior de las tierras van perdiendo fuerza, por la distancia que recorren mientras que los del mar, con sus lluvias suaves y moderadas, nutren las plantas».
En las tareas agrícolas participaban los hombres (que labraban y preparaban el terreno), las mujeres y los niños (que recogían y guardaban la cosecha).
En el modelo de organización social de los primeros pobladores de Canarias existía una gran desigualdad.
Existen diversas teorías sobre la procedencia de los primeros habitantes de las islas. Lo más probable es que la población procediera del norte de África y llegara a Canarias en busca de tierras para establecerse y cultivar. Aunque los restos arqueológicos más antiguos que se han encontrado en el archipiélago datan del siglo I a. C., algunos historiadores aseguran que las islas estaban habitadas desde mucho tiempo antes.